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miércoles, 27 de febrero de 2019

Me ignoras.

Me ignoras profundamente.
Me odias y me lamentas.
Pero siempre serás la amapola de mi desierto. Allí hay vida. Y recuerdo.

Tristeza con una gran sonrisa, rubia y divertida.
Pero el tiempo mató al amigo, a la sinceridad, a la verdad pensada con el corazón.
Pudo la tenaz frialdad. Pudo el odio, el olvido, la indiferencia...

Pudo, pero sólo temporalmente, pues en nuestras mentes, imborrables recuerdos existen, y una pizca de arrebato incontrolable que prefiere gritar. Gritar en este tiempo actual, el dolor de un alma, un corazón destrozado y roto y muerto.

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