Resfriado en junio Me he resfriado. Sí, sí, ahora en verano. Qué torpe soy. Sé que esto te da igual, pero espera, que te voy a dar un consejo. Ya sé que no eres mucho de consejos, pero hazme el favor por una vez en tu vida y léeme atentamente. Y por dios, no seas indiferente que te voy a contar algo muy serio. Estaba yo anoche, con mocos, en mi cama, agonizando por respirar y pensé: ¿Por qué no disfruto de la vida cuando estoy bien? Y no es que yo sea Jim Carrey o Maxi de “Aquí no hay quien viva”, todo lo contrario, pero… el viernes, me quedé reflexivo, me puse en modo filósofo y solté en el trabajo, la perogrullada de: “mi niño interior está muy contento”. Te quedaste sorprendido. Sí, se te notó muchísimo (“otra vez el tarao este”), pero no pasa nada, a mí también se me notará cuando lo dicen otros, digo yo. Sucede lo mismo con las indirectas. La primera: ¡Oye!, que el año pasado, aterricé con la Dulcinea y ploff, clavícula rota y dos costillas y pasé el calvari...