Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2025

Se lo repetido desde siempre.

Se lo he repetido desde siempre, como un eco gastado. Qué pesadez. ¿Pero me ha visto? Estoy segura de que me ha mirado. Sus ojos se han clavado en los míos como si quisiera dejarme sus recuerdos. Me pellizco, pero no siento dolor. No sé si realmente me ha visto, aunque quiero creer que sí. Y yo voy y lo intento olvidar con esfuerzo consciente. Como si pudiera hacerlo desaparecer.. Los dos lo sabemos. Pero no lo reconozco, me niego y lo martirizo con indiferencia. Sin respuesta. Se lo he repetido desde siempre. Qué pesadez. Me siento a su lado, por lastima, creo, y le hablo sin palabras. Cuando dice algo, no lo escucho, sigo mirando para otro lado. No existe. Pero me suenan sus recuerdos. Me excito. Se lo he repetido desde siempre. Qué pesadez. Aunque todos lo queremos y lo buscamos cuando el ajetreo de la vida nos arrolla. Qué gracioso es, dicen. Ven, cuéntanos una gracia. Voy, me siento a su lado y le hablo sin palabras. Su cacharrería mental  nos acompaña. Siento más indiferencia...

La memoria de tu olvido.

  La memoria de tu olvido El eco del concierto de aquella noche se desvanecía, dejando un silencio que amplificaba el peso de la carta. La luz amarillenta de la lámpara del hotel dibuja sombras grotescas en las paredes. Sentado al borde de la cama, sostiene la carta sin abrir, como si se quemara. Mira de soslayo por el ventanal,  la ciudad brilla bajo un laberinto infinito de luces difusas.  Sus dedos tiemblan, su mente divaga y lo arrastra al recuerdo de aquel fatídico portazo. Los gritos estallaron en la casa. Tenía los puños tan apretados que sus uñas parecían garras clavadas en la piel. Cada palabra de su padre era un clavo oxidado perforando el cráneo. —Mientras vivas aquí, harás lo que yo diga. Eres menor. —Su voz tronó como la de un militar cabreado. Sus ojos echaban chispas. Sus manos enormes daban miedo. No había margen para otra respuesta: gritar o huir. —Soy libre. No soy vuestra propiedad. Sé cuidarme. No os necesito. Esta casa es una puta cárcel —escupió al s...