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El refugio y la memoria

No me importa. No me importa. No el tiempo ni la distancia. No, no me importa ni preocupa. Mi alma vacía se llena de ti cuando te recuerdo. Se llena espontánea y fugazmente de tu olor, de tus manos de terciopelo, de tu vida rocosa, pero amable y tranquila y dulce. ¿Fué feliz?, me pregunto mi eco. Indudable y rápida respuesta. Fué frío aliento de dolor e impotencia. Allí nunca habtitó flor en fértil tierra. Allí el olor suave de amor y comprensión serena, nunca germinó. Allí, sólo hubo obediencia, silencio y remordimientos de libertad perdida. Cuando se nos iba a la eternidad, en esos fríos días de marzo, se atrevió a gritar y romper ataduras invisibles, se atrevió a maldecir, a llorar y arrojar semillas sin germinar. Se atrevió a maldecir al jardín, al huérfano y bonito jardín. Hoy sin jardín, el jardinero se lamenta. Llora el tiempo, las semillas rotas y vacías. Hoy el dolor y las malas hierva han florecido. Hoy, estamos muertos y vivos. Hoy eres nuestra alma y recuerdo.

La Pandora de Calypso

  Él la observaba desde lejos, desde esa distancia infinita de amistades muertas, como quien admira a la diosa Calypso, suspendiendo el tiempo. Fijo en su mirada, sin permitir que el olvido avanzara un solo paso. Guardaba cada minuto, cada segundo en el refugio de su memoria, temeroso de que el tiempo lo robara. Ella, de piel blanca y mirada indiferente, parecía guardar en sus ojos secretos olvidados, arrepentidos momentos como y despreciables regalos. Su cabello caía con gracia sobre sus hombros, como si llevara siempre una sonrisa perfecta, un recuerdo hecho de hilos de oro y horas que él jamás lograría alcanzar. Era, para él, el misterio de otros tiempos, un enigma que se dibujaba y desvanecía a cada paso, siempre lejano. Orgullosa e impía alma.  Odiseo había regresado a casa tras años de cautiverio involuntario; fue un largo viaje de desiertos de olvido y mares de indiferencia. Y aunque la historia era distinta, el sentimiento era el mismo: el perfume de Medusa que flotaba...

Aplastamiento de las gotas

  “Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas, inocentes gotas. Adiós, gotas. Adiós”. Julio Cortázar

Bienvenidos al apartamento Bécquer

 Bienvenidos al apartamento Bécquer  en “El Plantinar”, Sevilla Hola, soy Juan, y seré tu anfitrión durante tu estancia en este acogedor apartamento situado en El Plantinar, uno de los barrios más tranquilos de Sevilla —hasta que llegó el Marismeño—.  Estoy encantado de recibirte y de ofrecerte una buena TORTILLA DE PAPAS. Siéntete cómoda en mi casa, tu casa y la casa de todas las personas bonitas de mi vida. Entre ellas, tienes un lugar privilegiado en mi corazón. Pero vamos a dejarnos de juanoladas y vamos al lío. Al lío con la tortilla —mal pensada—.  Ponte cómoda y di en voz alta: — ALEXAAA, pon Maroon 5 —sin premio—...guuuuauuuuu. —Oye, estoy flipando, Juanolo, lo tienes todo domotizado... —que envidia cochina tengo.  El apartamento es un lugar cómodo y relajado desde el que se puede explorar tortillas de todo tipo.  —A mí me encantan las que llevan cebolla… —dijo la mujer de hojalata, la brillante mujer de hojalata—. Esta tortilla está maravillosa. El...