Agradezco tu atención. Pero se lamer mis heridas. Lamentablemente enrocarse es morir. Esperaba más del cielo. Veo que no existe. Sólo dos cosas pueden salvarme:... una ha muerto y la otra es la muerte.Paz y honor. Sevilla, volveré huérfano a la orilla de tus entrañas, sin regazo, sin luz, sin sueños. Feliz moriré en ti.
LXI Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda próximo a expirar, buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana suene (si suena en mi funeral), una oración al oírla, ¿quién murmurará? Cuando mis pálidos restos oprima la tierra ya, sobre la olvidada fosa ¿quién vendrá a llorar? ¿Quién, en fin, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, quién se acordará?