Ella es la constelación de mi corazón.
Ella es el secreto de mi desolación.
Ella es la sangre derramada en el rincón.
Ella es de lenta combustión.
Ella no es tiempo, es un temporal.
Ella es primavera en otoño.
Ella es un sueño roto y silencio mortal.
Ella es olvido, olvido de verdad.
LXI Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda próximo a expirar, buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana suene (si suena en mi funeral), una oración al oírla, ¿quién murmurará? Cuando mis pálidos restos oprima la tierra ya, sobre la olvidada fosa ¿quién vendrá a llorar? ¿Quién, en fin, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, quién se acordará?