Ir al contenido principal

Rima XXXVII

Antes que tu me moriré.

Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la Muerte,
que llames a esperar.

Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo.
¿Quién deja de llamar?

Entonces que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.

Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.

Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad,
todo lo que los dos hemos callado
lo tenemos que hablar.

Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870)

Entradas populares de este blog

LXI

LXI Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda próximo a expirar, buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana suene (si suena en mi funeral), una oración al oírla, ¿quién murmurará? Cuando mis pálidos restos oprima la tierra ya, sobre la olvidada fosa ¿quién vendrá a llorar? ¿Quién, en fin, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, quién se acordará?

La memoria de tu olvido (II). Versión canónica.

  La memoria de tu olvido (II) El eco del concierto de aquella noche se desvanecía, dejando un silencio que amplificaba el peso de la carta, aún cerrada. La luz de la lámpara del hotel dibujaba sombras enfermas en las paredes. Sentado al borde de la cama, Enrique sostenía la carta como si se quemara con ella. Miraba de soslayo por el ventanal, donde la ciudad se callaba bajo un laberinto infinito de luces difusas. Sus dedos temblaban, su mente divagaba y lo arrastraba una y otra vez a las huellas de sus recuerdos. El portazo sonó de nuevo. El adiós de Eva, ardía en su pecho. Los gritos estallaron en mil pedazos y cayeron al suelo. Tenía los puños tan apretados que sus uñas parecían garras clavadas en la piel. Cada palabra de su padre era una puntilla oxidada perforándole el cráneo. —Mientras vivas aquí… —Harás lo que yo diga —gruñó apretando los dientes—. Eres menor. ¡Y punto! —Su voz tronó como la de un militar cabreado. Sus ojos echaban chispas. Sus manos enormes —como puertas ...

Manual secreto para sobrevivir (te). MAS

  "Manual secreto para sobrevivir(te)" Le entregó el sobre con un gesto de contradicción. Le dijo que llegó por correo ordinario, sin remitente, pero con su letra. “¿Me ves?”. Era un sobre acolchado, suave al tacto, como si protegiera algo frágil o valioso. Dentro, no había cartas. Había cosas únicas y unidas por un hilo rojo. Un muelle de bolígrafo. "Para que no te rompas:se dobla, no sé parte, rebota, resiste y te impulsa. Como frases que aún alguien no se atrevió a escribir un día." Una vela de cumpleaños. "Por si algún día no sabes qué decir. O por si se te olvida  algo el 8 de noviembre." Un sobre de azúcar. "Porque a veces tu realidad necesita un empujón dulce, como yo. Échalo sin miedo, incluso en los silencios" Y una pastilla de chupar, con sabor a cereza. "Para que recuerdes lo lento, lo PESADO, con ironía y detalles. Lo que se derrite sin prisa. Como  nosotros al sol en Triana”. "Esto no es un regalo. Es un absurdo conjuro, un...