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¿Merece la pena?

  ¿Merece la pena? La consulta está situada en un barrio del centro. Es una casa antigua. No tiene sala de espera y los pacientes tienen que hacer tiempo y cuando ella baja, a la hora concertada en el zaguán del bloque de cuatro pisos. Puntualmente, ella baja desde el primero, abre el cancelín, se despide de uno y recibe al otro. La consulta es acogedora, con mucha luz. Hay dos sillones tipo balancín, hay estantes con libros y un jarrón con unas matas de algodón. Detrás del paciente un reloj digital donde ella controla el tiempo. El reloj marca las diecinueve horas y tres minutos del lunes trece de marzo. Huele a incienso. La alfombra es agradable. Siempre en la consulta hay que ir descalzo. El paciente lleva meses de terapia. —Buenas, ¿qué tal te encuentras? —pregunta Lourdes. —Bueno, ahí voy. Renqueante, sin dormir mucho y comiendo poco. Me levanto cansado y con un pellizco en el estómago que no me deja ni probar bocado hasta que la medicación me hace efecto. —La semana pas...

Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo: Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

 El 18 de agosto de 1936, fusilaron debajo de un olivo, en Granada a las 4:45 de la madrugada, al gran poeta español Federico García Lorca. - Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo: Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931. Medio pan y un libro "Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. 'Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado ...

El tendedero tiene vida

El tendedero está lleno de pinzas que sostienen con firmeza las prendas recién lavadas. Las pinzas parecen estar felices y tranquilas bajo el sol primaveral. Pero no hace mucho, durante el invierno, algunas de ellas estaban quejosas. La pinza roja no dejaba de protestar: “¡Qué frío hace, odio el invierno!, además otra vez me ha tocado esa toalla pesada. Qué mala suerte tengo”. En cambio, las pinzas azules, algunas de ellas desgastadas, se quejaban de tiempo cambiante en primavera; ahora, sol; ahora, lluvia; ahora, viento. Prefieren el otoño, es más tranquilo y estable. Ese día, a pesar de lo divertido del balanceo que el viento del este, les dolía la cabeza. “¡Qué cansino es este viento!”.  Pero las pinzas naranjas, siempre sonrientes, estaban contentas con todo lo que sucedía a su alrededor. Agradecían la lluvia y disfrutaban del sol por igual. Si hace viento: nos balanceamos, y hace lluvia; nos refrescamos. Además, ese día, les toco sujetar la camiseta verde y blanca. Estaban exu...

La infancia

Gracias a papá, el niño Juan casi nunca tuvo infancia. Solo algunos ratos. ¿Jugamos a los tejos?, no tengo tiempo. ¿Jugamos a la pelota?, no tengo tiempo. Pepe nunca tuvo tiempo. Juan a los cincuenta juega y consuela su niño que ahora también se llama Mario. Los recuerdos de Juan, entre pesadillas y “no tengo tiempo”. Entre las unas y “no tengo tiempo” el niño Juan recuerda el olor a campo, tomillo o hinojos. Jornalero de sol a sol, con la infancia perdida en la posguerra. Meciendo sus noventa primaveras farfulla: no volverá a suceder. ¿Jugamos?

Armario y cornisa

Armario o cornisa. ¿Y por qué no ambos?. Lucrecia se tapó apresuradamente con las sábanas blancas.  —Marta: tú al armario; Mario: tú a la cornisa.  Alguien entró en la habitación. Era Juan, su esposo.  —¿Qué haces aquí?.  —Buena pregunta. ¿Y tú? Huele a su perfume —pensó—… abrió el armario y encontró a su amante. Sin mirar preguntó: —¿Esta es tu reunión? —No, es tu visita al dentista. —Falta alguien —dijo Juan. —No hay nadie en la cornisa. Están llamando a la puerta de la habitación número 69. Será la recepcionista con las llaves.  Es hora de volver a cas a.

El viento nunca es favorable

El viento nunca es favorable. La noche había sido  lluviosa y con viento. El día estaba gris y el ambiente ruidoso y frío. Lunes quince de marzo a las siete de la mañana.      Venga que llegamos tarde —me dijo con aspereza— sin ni siquiera dar los buenos días.   —Continuó diciendo— Juan, no puedes llegar siempre tarde, estoy cansado de tu impuntualidad y tus impertinentes excusas. ¡Ni una más, Santo Tomás! —vociferó—. El tren sale en cinco minutos, y yo llevo diez esperando y además he dormido fatal esta noche. Estoy muy estresado y preocupado por todas mis cosas. Llevo unos días en los que me es imposible estar tranquilo ni un solo instante. No puedes hacerme esperar siempre. Estoy harto. —Disculpa —le dije sin saber muy bien a qué se debía esa actitud, es un tío muy educado y me resultó extraño. Entré en el coche y me mantuve callado. Hacía tiempo que no lo veía mover el ojo derecho. Miguel tiene un tic y la gente lo conoce por “Miguel, el del tic” y se...

Irresistible

Irresistible tentación y condena eterna, Muerte instantánea de pasión secreta. Huracán atroz, mirada sincera Algo lejano que al fin se acerca.

La huida del miedo. John Gall

La huida del miedo. John Galls Era un domingo cualquiera. Reunión familiar semanal de siete hermanos, algunos cuñados y cinco o seis nietos más una bisnieta. Yo, como siempre, llegando justo antes del almuerzo. Todos vociferan sin reparo, tal que estuvieran en un bar repleto de gente. La pequeña, la bisnieta de Bonet, revolcándose por el suelo. Sus manos pintorreadas, la ropa llena de lamparones, moño alto y zapatos rotos. La madre de la niña —una joven de veintidós años—, continúa con el móvil sin prestar atención a su hija —me enfurece la situación, pero sigo en silencio—. El abuelo —bisabuelo de la niña y mi padre— sentado en el sillón sin apenas moverse y si lo hace es para beber un vaso de vino y picotear algo. El resto del día dormitando, y si no es así, gruñendo. El hombre tiene noventa primaveras y dice que estar cansado de vivir al tiempo que pide fuego para otro cigarrillo.   En el camino a la casa de mis padres, mientras conduzco con pereza, pienso que no me apete...

¡¡Vaya lío!!

S ara y yo salíamos a comer fuera, como cada sábado desde que vivimos juntos. Ese día, queríamos estar tranquilos y disfrutar de una noche estrellada de verano. Nada de ir a bailar en la discoteca del pueblo, ni mucho menos de ir a cantar en el bar “La nube” donde hay un karaoke. Este bar está en San Cristóbal, el pueblo de al lado. Ya estábamos preparados y en el momento en que cerrábamos el cancelín del patio, recibí una llamada de Julia, una de las hermanas de Sara.        —Sí, Julia ¿Dime?.      —¡¡Oye!!, ¿qué os parece si nos vemos y cenamos fuera?, así evitamos el rollo que para nosotros es cocinar. A Julia y a mí, no nos gusta cocinar.      —¡Con gestos consulté con Sara y ella me dijo! Ok con el pulgar hacia arriba!.  Perfecto contesté.      —Pues chicos, en unos 10 minutos os recogemos.      Efectivamente, a las 21:07, ocho minutos después, aparecieron las luces llamativas del todoterreno ...

Autorretrato poético de John Gall.

Autorretrato noviembre 2022 Alzaba la mirada, una y otra vez Alzaba la mirada para fingir, pero sin saberlo hacer. Parecía poseído, parecía fuera de control,  sobre los hombros, sobre el alma, mucho peso y mucho dolor Tira los harapos, tira las cadenas,  Tirarlos al mar. Haz de tu lucha un poema,  de tu poema una bandera, de tu bandera un altar. ¡¡Ay, caminante…! ¡Tanto caminar!! Ponte frente al espejo  y no me niegues que ves…. Que ves un ser distinto,  un caminante, caminante sobre un mar de nubes,  nubes en alta mar. Caminante en tu camino es hora de disfrutar, Disfrutar de tu estilo, de tu estilo al caminar, tu elegancia, tus sueños, tus sueños en el mar. ¡¡Ay, caminante…! ¡Tanto caminar!!   Tus ojos son aceitunas con ribetes de azabache son la mirada de un niño,  son la esperanza y la fortuna. Tus miradas son estrellas, estrellas en alta mar son luceros, son tu guía, tu guía al caminar. Son tus lágrimas, suspiros, suspiros que van al mar Tus...

Adila

  Adila y la vuelta La posición de las manos, arrugadas y secas, hacía las veces de un trípode al fotógrafo que quiere sacar la foto perfecta, el enfoque exacto. Tenía los dedos llenos de anillos y en las muñecas pulseras. En su rostro, la mirada era directa e inefable, esbozaba un gesto de amabilidad, amor y gratitud. El pelo recogido por un “topí”.     Adila, madre de ocho hijos, estaba sentada frente al espejo de la alcoba, detrás, de fondo, un telar púrpura. Junto a la cama con dosel, había un baúl con objetos. Las paredes de color beige; las telas de la cama; las alfombras y las cortinas, que junto con el mobiliario; vivo en formas y colores, hacían que el momento estuviera envuelto en halo especial. La habitación transmitía sensaciones placenteras, con encanto.     Adila se había sentado un instante a descansar del ajetreo de los últimos días. Eran los primeros días de noviembre, ya hacía dos años de la marcha de Nabil. Estas circunstancias la tenían ...

Rima LII

  LII Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, envuelto entre la sábana de espumas, ¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis del alto bosque las marchitas hojas, arrastrado en el ciego torbellino, ¡llevadme con vosotras! Nubes de tempestad que rompe el rayo y en fuego ornáis las desprendidas orlas, arrebatado entre la niebla oscura, ¡llevadme con vosotras! Llevadme por piedad a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!

¿Te acuerdas? MAS. Algunos suspiros perdidos.

 ¿Te acuerdas Mas, cuándo, el leve roce de nuestras manos nos hacía temblar la mirada? ¿Te acuerdas Mas, cuándo temprano de mañana, una leve sonrisa, una mirada sencilla, nos estremecía? ¿Te acuerdas Mas, cuándo irresistibles compartimos aquella tarde de septiembre?. Parecía, primavera, parecía, … Infinita esencia.

Poema del Renunciamiento. (José Ángel Buesa)

  RENUNCIAMIENTO Pasarás por mi vida sin saber que pasaste, pasaras en silencio por mi amor, y al pasar, fingiré una sonrisa con un dulce contraste del dolor de quererte...y jamás lo sabrás. Soñaré con el nacer virginal de tu frente, soñaré con tus ojos de esmeralda de mar, soñaré con tus labios desesperadamente, soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás. Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible, como un sueño que nunca llegaré a realizar, y el lejano perfume de mi amor imposible, rozará tus cabellos … y jamás lo sabrás. Y si un día una lágrima denuncia mi tormento, el tormento infinito que te debo ocultar, te diré sonriente; “no es nada, ha sido el viento”, me secaré las lágrimas...y jamás lo sabrás. Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía, y no volver el rostro para verte pasar. Puedo apretar mis labios un día tras otro... y no te puedo olvidar. Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente, casi aburridamente sobre un tema vulgar, Puedo decir tu nombre con voz indiferente....

Tus ojos negros.

Ojos de Córdoba Tienes ojos negros del azabache de las aceitunas. Yo diría que tu miradas son flores y explosión de poesía,  son amapolas en el desierto y en pura armonía. Y que tus ojos son el inefable aliento de una orquídea brillante y plena de alegría. Decorados éstos de tu dulce voz, de tu rastro amable, de tu sonrisa limpia  y hacen perfecta poesía. Todo a un tiempo es una explosión de que ensordece al poeta,  catarsis de emoción y sibilina inspiración.  Pobre poeta, quieto y tembloroso, ruin en la tristeza, atónito observa. ¡Eso que ves, triste poeta, es la primavera en plena armonía!. Ni Julio Romero, ni Dora con sus artes.  Ni ningún poeta, ni ninguna sinfonía,  nunca nadie jamás crearía ni de lejos tanta "María".