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Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo: Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

 El 18 de agosto de 1936, fusilaron debajo de un olivo, en Granada a las 4:45 de la madrugada, al gran poeta español Federico García Lorca. - Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo: Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931. Medio pan y un libro "Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. 'Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado ...

El tendedero tiene vida

El tendedero está lleno de pinzas que sostienen con firmeza las prendas recién lavadas. Las pinzas parecen estar felices y tranquilas bajo el sol primaveral. Pero no hace mucho, durante el invierno, algunas de ellas estaban quejosas. La pinza roja no dejaba de protestar: “¡Qué frío hace, odio el invierno!, además otra vez me ha tocado esa toalla pesada. Qué mala suerte tengo”. En cambio, las pinzas azules, algunas de ellas desgastadas, se quejaban de tiempo cambiante en primavera; ahora, sol; ahora, lluvia; ahora, viento. Prefieren el otoño, es más tranquilo y estable. Ese día, a pesar de lo divertido del balanceo que el viento del este, les dolía la cabeza. “¡Qué cansino es este viento!”.  Pero las pinzas naranjas, siempre sonrientes, estaban contentas con todo lo que sucedía a su alrededor. Agradecían la lluvia y disfrutaban del sol por igual. Si hace viento: nos balanceamos, y hace lluvia; nos refrescamos. Además, ese día, les toco sujetar la camiseta verde y blanca. Estaban exu...

La infancia

Gracias a papá, el niño Juan casi nunca tuvo infancia. Solo algunos ratos. ¿Jugamos a los tejos?, no tengo tiempo. ¿Jugamos a la pelota?, no tengo tiempo. Pepe nunca tuvo tiempo. Juan a los cincuenta juega y consuela su niño que ahora también se llama Mario. Los recuerdos de Juan, entre pesadillas y “no tengo tiempo”. Entre las unas y “no tengo tiempo” el niño Juan recuerda el olor a campo, tomillo o hinojos. Jornalero de sol a sol, con la infancia perdida en la posguerra. Meciendo sus noventa primaveras farfulla: no volverá a suceder. ¿Jugamos?

Armario y cornisa

Armario o cornisa. ¿Y por qué no ambos?. Lucrecia se tapó apresuradamente con las sábanas blancas.  —Marta: tú al armario; Mario: tú a la cornisa.  Alguien entró en la habitación. Era Juan, su esposo.  —¿Qué haces aquí?.  —Buena pregunta. ¿Y tú? Huele a su perfume —pensó—… abrió el armario y encontró a su amante. Sin mirar preguntó: —¿Esta es tu reunión? —No, es tu visita al dentista. —Falta alguien —dijo Juan. —No hay nadie en la cornisa. Están llamando a la puerta de la habitación número 69. Será la recepcionista con las llaves.  Es hora de volver a cas a.

El viento nunca es favorable

El viento nunca es favorable. La noche había sido  lluviosa y con viento. El día estaba gris y el ambiente ruidoso y frío. Lunes quince de marzo a las siete de la mañana.      Venga que llegamos tarde —me dijo con aspereza— sin ni siquiera dar los buenos días.   —Continuó diciendo— Juan, no puedes llegar siempre tarde, estoy cansado de tu impuntualidad y tus impertinentes excusas. ¡Ni una más, Santo Tomás! —vociferó—. El tren sale en cinco minutos, y yo llevo diez esperando y además he dormido fatal esta noche. Estoy muy estresado y preocupado por todas mis cosas. Llevo unos días en los que me es imposible estar tranquilo ni un solo instante. No puedes hacerme esperar siempre. Estoy harto. —Disculpa —le dije sin saber muy bien a qué se debía esa actitud, es un tío muy educado y me resultó extraño. Entré en el coche y me mantuve callado. Hacía tiempo que no lo veía mover el ojo derecho. Miguel tiene un tic y la gente lo conoce por “Miguel, el del tic” y se...

Irresistible

Irresistible tentación y condena eterna, Muerte instantánea de pasión secreta. Huracán atroz, mirada sincera Algo lejano que al fin se acerca.

La huida del miedo. John Gall

La huida del miedo. John Galls Era un domingo cualquiera. Reunión familiar semanal de siete hermanos, algunos cuñados y cinco o seis nietos más una bisnieta. Yo, como siempre, llegando justo antes del almuerzo. Todos vociferan sin reparo, tal que estuvieran en un bar repleto de gente. La pequeña, la bisnieta de Bonet, revolcándose por el suelo. Sus manos pintorreadas, la ropa llena de lamparones, moño alto y zapatos rotos. La madre de la niña —una joven de veintidós años—, continúa con el móvil sin prestar atención a su hija —me enfurece la situación, pero sigo en silencio—. El abuelo —bisabuelo de la niña y mi padre— sentado en el sillón sin apenas moverse y si lo hace es para beber un vaso de vino y picotear algo. El resto del día dormitando, y si no es así, gruñendo. El hombre tiene noventa primaveras y dice que estar cansado de vivir al tiempo que pide fuego para otro cigarrillo.   En el camino a la casa de mis padres, mientras conduzco con pereza, pienso que no me apete...